NACIMIENTO
Hace algún tiempo, la escritora y periodista Enriqueta de la Cruz me invitó a tomar un café. Yo le entregué algunos relatos que había escrito para que me diera su opinión, y así, entre charla y charla, terminamos hablando del dibujante que había ilustrado la portada de su segunda novela. Me mostró el libro que este acababa de publicar, y fue tal el impacto que aquella colección de dibujos me produjo que no me pude resistir a comprarlo días más tarde.
Su título: Salud y ni un paso atrás. El autor: Kalvellido.
Navegué entre sus páginas sin poder parar de alabar el lápiz de este artista (uno puede o no estar de acuerdo con su ideario, pero no se puede negar que sus dibujos llegan directos tanto al cerebro como al corazón), hasta que me detuve en una viñeta. En ella, un abuelo sentado en su sillón nos dice: “Intenté cambiar el mundo. Ahora me conformo conque el mundo no me cambie a mí”.
Yo llevaba algún tiempo pensando en escribir algún relato juvenil, e inmediatamente, al ver aquel dibujo, una cascada de ideas comenzó a martillear mi mente. Modifiqué ligeramente las palabras de Kalvellido y construí lo que es ahora el título de obra: “Cuando dejes de intentar cambiar el mundo… “. El resto sólo fue tomar café , porque con aquella frase el libro parecía escribirse solo.
Algún tiempo después, tras las divertidas y estimulantes revisiones y correcciones del texto (quien haya escrito alguna vez una novela sabe bien de qué estoy hablando), envié mi obra al II Certamen de Novela Corta de la Fundación César Navarro. El día de mi cumpleaños sonó mi teléfono móvil, era Inma Chacón, presidenta del jurado, quien me comunicó el fallo del premio y vertió mil elogios literarios sobre mi pequeña novela.